feb. 26, 2018

¿Impacto directo?

Por: Bibiana García

El municipio de Giraldo ubicado en el occidente del departamento de Antioquia es un municipio que en lógica territorial, cultural y tradicional es caracterizado por ser un municipio principalmente agricultor, pero en los últimos 8 años ha visto como ésta lógica agrícola ha venido transformándose dada la llegada de la industria extractiva al territorio. Éste lugar del país no se escapa al boom del extractivismo que se ha ido expandiendo por el territorio nacional con la bandera y el espejo de generar “desarrollo económico” en las regiones.

Con la llegada del proyecto minero de Continental Gold ubicado en el municipio de Buriticá, Giraldo ha recibido de manera directa los impactos socio ambientales de la actividad minera; Continental Gold, es una empresa minera extranjera con capital canadiense que adelanta en el territorio un proyecto que “comprende un área acumulada de 70.678 ha. El área del proyecto se compone de 23 concesiones que cubren 29.465 ha y 44 aplicaciones de concesiones para un total de 41.213 ha” [sic] (Proyecto Buriticá, 2017). Esta empresa inició labores hacia el año 2009 y su llegada al territorio genera expectativa, pues empezó a circular información sobre la gran reserva de oro en el municipio.

Lo anterior llevó a que poco a poco llegaran mineros informales de diferentes partes del departamento y del país buscando ser beneficiarios también de tal bonanza; este fenómeno implicó la ocupación de los servicios disponibles en Buriticá (vivienda, vías, escuelas, servicios de salud, seguridad). Agotado esto, se instalaron en las veredas más cercanas incluyendo algunas de Giraldo, ocupadas estas se trasladaron a la cabecera municipal y a municipios como Santa Fe de Antioquia y Cañasgordas, así mismo se produjo un asentamiento subnormal en precarias condiciones de servicios básicos, salud y seguridad en la vereda la Blanquita en la cual se ejercía con mayor fuerza la minería ilegal e informal.

Las actividades se realizaron a la par de las propias establecidas por Continental Gold, sin embargo, la gravedad de los hechos convocaron a que en el 2014 el gobierno departamental interviniera en la crisis socio ambiental denominado “operación creta”, materializada con desalojos, cierre de minas y desmonte de entables ilegales. Esto convocó a los mineros informales a vincularse a la formalización minera como una alternativa de legalidad que benefició a unos cuantos y excluyó aquellos que se ubicaban en la zona, fue de esta manera que las autoridades y la empresa recuperaron parte del casco urbano del municipio de Buriticá y las zonas donde se asentó principalmente la minería ilegal o informal.

En el marco de estas intervenciones -asociadas a la operación creta- y recuperación de la zona, el corregimiento de Pinguro (Giraldo), dada su cercanía a Buriticá, absorbió los impactos generados por dichas acciones, pues es una especie de zona de frontera. Allí se concentraron las marchas de mineros, los cierres de la vía, los paros generados por las inconformidades de la “operación creta” y se presentaron disturbios de orden público. Estos últimos con implicaciones a la salud de los habitantes del corregimiento dado que asumieron los gases lacrimógenos, los disparos y enfrentamientos de la fuerza pública con los diferentes manifestantes.

Hoy en día el panorama en Pinguro no es diferente en cuanto a recibir de manera directa los impactos asociados al montaje y operación del proyecto minero de la empresa Continental Gold, pues ahora es habitual ver a la fuerza pública ubicada en la entrada hacia Buriticá. El corregimiento se volvió, sin la complacencia de los habitantes y de las autoridades municipales, el estacionamiento más grande de los vehículos y maquinaria requeridos para la construcción, montaje y operación del proyecto minero.

De otro lado, muchos de los contratistas de la empresa minera han elegido este corregimiento como lugar de habitación de personal relacionado al proyecto, servicios de alimentación, hospedaje, esparcimiento, etc., situaciones que generan un alto flujo migratorio al lugar, agotando principalmente servicios como el abastecimiento de agua y el incremento en los costos de vida.

Adicionalmente, este corregimiento ha sufrido importantes transformaciones como el incremento en el número de habitantes, el flujo vehicular, el aumento de la población flotante, como consecuencia de su frontera con la vereda Higabra (lugar donde se concentra el proyecto minero). Esta situación ha traído consigo efectos negativos en la proporción de servicios básicos como el agua.

A pesar de lo anterior, el corregimiento de Pinguro no hace parte del área de influencia directa del proyecto, por lo tanto, existen inquietudes sobre ¿cómo y con qué lidiará el municipio y la comunidad los cambios, los impactos y la transformación cultural, económica que ya se ha establecido en el corregimiento? ¿quién acompañará a la comunidad a hacer frente a las transformaciones en sus medios de vida? ¿cuál es la estrategia a corto, mediano y largo plazo para evitar que la comunidad se fracture o se disuelva en medio del furor del oro? Estas preguntas hoy no cuentan con respuestas concretas.